La generación del “nunca alcanza”: por qué cada vez más jóvenes sufren ansiedad, estrés e insomnio
A los jóvenes de hoy se les exige que sean productivos, que estudien y trabajen, pero que lo que hagan lo hagan con pasión; que hagan actividad física, coman sano, duerman bien y cuiden su salud, pero a la vez que no se centren solo en ellos, sino que piensen en los demás; que tengan vida social, que sean buenas personas, que ayuden en su casa, que aporten económicamente, pero que también sean independientes y cuiden su salud mental.
¿Se puede no vivir estresado con tantas presiones? Probablemente no, y es en ese momento que aparece la sensación de que “nunca alcanza”, la ansiedad y el estrés por cumplir con las expectativas de todos los “deberías”. Según la Lic. en Psicología Carolina Schaller en la atención clínica se encuentra con cada vez más jóvenes que consultan por estrés, ataques de ansiedad y de pánico, y que se automedican para poder dormir. “Estos síntomas son coherentes con el mundo en el que nos toca vivir: un mundo en el que estamos sobrestimulados y, a la vez, sobreexigidos a cumplir cada vez con más mandatos”. Esto coincide con lo relevado en un estudio publicado en marzo de este año por el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA), que destacó que, sobre un total de 2213 personas de todo el país, el 58,98 % de los participantes manifestó sufrir alteraciones del sueño. Según la investigación, el segmento más afectado es el de los jóvenes de entre 18 y 29 años; de todas maneras, se trata de una problemática transversal a toda la sociedad.
Para los especialistas, el otro problema actual es la sobreestimulación a través de la tecnología. Vivir hiperconectados e hiperestimulados por pantallas, likes, redes sociales, cuerpos “perfectos”, opiniones ajenas y compras que “garantizan la felicidad y el bienestar” a un solo clic. Esto termina por fijar los mandatos por la necesidad constante de agradar y encajar: para pertenecer, tenés que hacer este trend, seguir determinada moda, tener determinado cuerpo, estar actualizado sobre los chimentos y la música que está en el top 50 de Argentina. Como la tecnología no tiene freno, el trabajo tampoco lo tiene: hay mails, WhatsApp, llamadas a toda hora y que se responden 24/7. No hay un corte real entre lo laboral y la vida personal; hay que estar siempre, en todo, y aun así no alcanza.
Termina normalizando ese estilo de vida. Durante el día los estímulos distraen, ¿pero qué pasa a la noche, a la hora del descanso? A la noche, los estímulos se apagan, llega el silencio y la persona se encuentra con algo que intenta tapar todo el tiempo para seguir siendo productiva y funcional: sus pensamientos y sentimientos. “Todas las demandas y exigencias de afuera se vuelven la propia voz: ‘No hice nada productivo hoy’, ‘Tendría que haberme esforzado más’, ‘No le contesté a mi vieja, mirá si le pasa algo’, ‘Lo que gano no alcanza’, ‘Solo me quedan 3 horas por dormir y mañana tengo un día largo’. Una cabeza sobreestimulada y sobreexigida es un cerebro que no descansa bien. Como consecuencia directa de este agotamiento, cada vez vemos a más jóvenes necesitando de fármacos para poder dormir, o despertándose varias veces durante la noche por un pensamiento recurrente”, explica Schaller.

Ya sabemos que la ansiedad es el síntoma de la época por excelencia; cada vez aparece más y en edades más tempranas y, si bien se trata de una respuesta natural del organismo ante situaciones de amenaza o incertidumbre, el problema aparece cuando esa respuesta se vuelve crónica, desproporcionada o persistente frente a situaciones que no representan un peligro real. Cuando este escenario se manifiesta por las noches cotidianamente, comienza un círculo vicioso que deriva en un incremento del estrés. Según el Instituto de Investigaciones del Sueño, cuando el insomnio se instala, el organismo genera una reacción fisiológica que aumenta los niveles de alerta, haciendo aún más difícil relajarse. Para interrumpir este circuito, hay que prestar atención tanto a los hábitos como a las condiciones en las que se produce el descanso.
Posibles estrategias antiestrés
Si bien cada persona es diferente y a cada una le funcionan distintas cosas, hay algunas herramientas para intentar frenar esta vorágine y cuidar la salud mental:
Aprender a escucharse: lo que “tenemos que hacer” no da el tiempo ni espacio para sentir; entonces muchas veces se tapa. Para poder identificar qué sentís y qué te está pasando en el momento (si una situación o un conjunto de ellas te está sobrepasando y por qué), es necesario poner el freno de mano cada tanto y darse el espacio para reflexionar.
Para eso, la psicóloga Carolina Schaller propone realizarse dos preguntas claves:
- ¿Cuál es el costo que estoy pagando por cumplir con esto? Si el precio es tu salud mental, el insomnio, la irritabilidad constante, o no poder comer, estás pagando un precio muy alto. Lo que destruye tu salud, no lo vale.
- ¿Cuáles son tus límites? Pocas veces nos ponemos a pensar en eso, pero es necesario identificarlos para luego poder marcarlos afuera: “Los mails que entren después de las 18 los contesto mañana”, “Hoy no estoy pudiendo con esto porque dormí poco, pero mañana lo encaro de otra manera”, “Perdón, amiga, pero hoy no voy a ir a la juntada porque necesito un tiempo para mí”.
La especialista propone construir una red de contención real. “Poner límites también es aprender a apoyarse en otros y permitirnos pedir ayuda. ‘¿Me das una mano con esto?’, ‘¿Podés hacerlo vos que mi cabeza está en otra?’”, recomienda.

Cuando la carga es compartida, se hace menos pesada. Nadie puede con todo solo y pedir ayuda no te hace menos fuerte ni un vago, te hace humano. Es clave identificar con quiénes contamos y para qué: con “x” persona sabés que podés distraerte, a otra le pedís un consejo, a otra una ayuda práctica, etc.
Guía práctica para bajar el estrés y la ansiedad
- Hacer actividad física: Un cerebro estresado y ansioso es un cerebro que preparó el cuerpo para luchar o huir, por lo que irte a dormir la siesta con toda esa adrenalina adentro no es la mejor opción. Lo más saludable es descargarla haciendo la actividad física que te guste.
- Bajarle el volumen a los pensamientos: Si sentís que la cabeza empieza a dar mil vueltas y no tiene freno, ayuda mucho externalizar el problema poniéndolo en palabras (hablando con alguien o escribiéndolo en un papel). El cerebro se calma cuando entiende que te vas a ocupar del asunto, pero no necesariamente ya. En el momento en que estás por dormir, por ejemplo, no hay que pensar, hay que descansar; pero si lo escribís para mañana, tu cerebro sabe que el problema se va a resolver.
- Diseñar tus propios rituales de sueño: Cada uno tiene que encontrar qué le ayuda a desconectar un rato antes de acostarse (dejar las pantallas, mirar una serie de comedia, meditar, rezar, usar técnicas de respiración, o abrazar fuerte a tu mascota o a tu pareja). Lo importante es reducir lo que te mantiene alerta antes de ir a la cama.
Fuente: TN







