García Cuerva pidió terminar con los discursos de odio: "Nuestra Patria tiene muchos abrazos pendientes"
En el marco de la 52° Peregrinación Juvenil a Luján, miles de fieles arribaron este domingo a la Basílica tras caminar desde el barrio porteño de Liniers. Jorge García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires, encabezó la misa central y pronunció una homilía contundente en la que instó a abandonar la intolerancia, la violencia y los discursos de odio. Por otro lado, el prelado también hizo referencia a la próxima visita del papa León XIV, prevista para noviembre, y sostuvo que la peregrinación representa una "escuela de fraternidad" de cara a ese acontecimiento.
"Las heridas de la intolerancia supuran y se está infectando el alma del pueblo", sostuvo García Cuerva en uno de los tramos más fuertes de su mensaje. Asimismo, aludió a las divisiones que recorren la sociedad y afirmó que la peregrinación constituye un ámbito de encuentro, sin distinciones ideológicas ni exclusiones.
"En la peregrinación no hay grietas ideológicas ni exclusiones, no hay lugar para los discursos de odio", manifestó ante los miles de peregrinos congregados en Luján.
Durante la homilía, el arzobispo reclamó recuperar los vínculos y el diálogo frente a un panorama signado por la confrontación. "Nuestra Patria tiene muchos abrazos pendientes", expresó, y habló de la necesidad de construir "abrazos de perdón" ante la descalificación y el insulto, y "abrazos solidarios" frente a la indiferencia. En esa línea, García Cuerva alertó sobre las consecuencias de la violencia en sus diversas manifestaciones. "Las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal, supuran", afirmó. El arzobispo también subrayó el sentido comunitario de la peregrinación y planteó que caminar juntos permite dejar atrás las diferencias y evitar que los discursos de odio ocupen un lugar central en la sociedad. "Cuando caminamos juntos, no les damos lugar a los discursos de odio", concluyó durante la celebración. Con tantos kilómetros caminados, con tanto cansancio físico, con ampollas en los pies, con dolor en todo el cuerpo, venimos a buscar el abrazo de la Madre, el abrazo de María. Un abrazo único, un abrazo de esos que nos reinician y que nos sostienen. Un abrazo en el que nos podemos relajar y descansar porque son los brazos de la Virgen de Luján que sostienen a todo un pueblo, a toda una Nación. Nadie vino solo, en cada paso trajimos a nuestras familias, a los amigos, al vecino que la está pasando mal, al conocido que perdió el trabajo, a los enfermos, a los que nos pidieron que rezáramos por ellos. En la peregrinación no hay grietas ideológicas ni exclusiones. El camino nos niveló a todos; caminando, todos gastamos las zapatillas, todos nos cansamos, todos queríamos llegar a la casa de María. ¡Qué gran lección recibimos! Cuando nos descubrimos caminantes de un mismo pueblo no le damos lugar al individualismo y a los discursos de odio. La Virgen nos sale al encuentro con su ternura; no nos pide “carnet de prolijidad espiritual”, ni pregunta de dónde venimos o cuántos kilómetros caminamos. Directamente nos abre sus brazos y nos recibe así como llegamos. Ella sabe lo que vive cada uno de nosotros; Ella sabe de nuestras luchas; Ella conoce tu corazón, y sin palabras, pero con todo su amor, te abraza fuerte. Por eso, querido peregrino, dejate abrazar, dejate contener, nadie puede solo, nos necesitamos y la necesitamos a María para seguir caminando en la vida. A veces, llueve adentro, llueve en el corazón y nos sentimos solos, heridos; nos duele la vida; la nostalgia y las ausencias pesan mucho. Son esos momentos en los que la Virgen María nos sale al encuentro y sentimos que nos dice: “Hijo querido, va a estar todo bien”. Nuestra Patria tiene muchos abrazos pendientes: abrazos de perdón ante tanta descalificación e insulto; abrazos solidarios ante tanta indiferencia; abrazos de encuentro ante tanto extravío; abrazos profundos, no protocolares; abrazos del alma. Así como nos curamos las ampollas, queremos Madre curar los vínculos entre nosotros. Las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal ya supuran y parece que se está infectando el corazón del pueblo argentino. Por eso es tiempo de unirnos. Si la Virgen de Luján nos abraza a todos, es imposible mirar al otro con desprecio, porque el otro es mi hermano. Por eso volveremos a nuestros hogares y nos tenemos que comprometer a ser artesanos de la fraternidad llevando el abrazo de María a los que no dan más, a los abuelos, a los que piensan distinto, a las personas con discapacidad y a sus familias, a los que no tienen trabajo, a los que están durmiendo en la calle, a los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, a los más pobres. El Papa León XIV decía en su viaje a África: Una madre ama a sus hijos, aunque sean diferentes entre sí, a todos del mismo modo y con todo el corazón. También nosotros, ante la Madre del corazón, queremos prometer hacer lo mismo, esforzándonos sin medida para que a nadie le falte el amor y, con él, lo necesario para vivir dignamente y ser felices: para que quien pasa hambre tenga qué comer, para que todos los enfermos reciban los cuidados necesarios, para que a los niños se les garantice una educación adecuada, para que los ancianos vivan serenamente los años de su madurez. Una madre piensa en todas estas cosas; María piensa en todas estas cosas y nos invita también a nosotros a compartir su solicitud. Hoy celebramos 800 años del tránsito de San Francisco de Asís, 800 años de su muerte. El santo de la concordia y la fraternidad. Algunos lo llaman el “santo del abrazo”: abrazó a Cristo, abrazó al leproso, abrazó al lobo, abrazó al sultán, abrazó a toda la creación, abrazó a sus hermanos. Que Él interceda por nosotros, que nos enseñe a abrazar a los que piensan distinto, a los más necesitados, a los excluidos, a todos, porque más allá de nuestras legítimas diferencias, somos hermanos, hijos de un mismo Padre del Cielo. Que esta peregrinación sea entonces, una escuela de fraternidad para nuestro país que se está preparando para la visita del Papa León. Que María nos enseñe a respetarnos, a perdonarnos, y a dialogar con todos; que dejemos de descalificar al hermano, de ser indiferentes con el que sufre y de dar lugar al odio entre nosotros, porque hemos experimentado en Luján que, en su abrazo maternal, nos reconocemos hermanos. ¡Viva la Virgen de Luján!La homilía completa de Jorge García Cuerva en la 52ª Peregrinación Juvenil a Luján
Fuente: Minuto Uno






