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Salud
20.10.2026

La advertencia de una psiquiatra sobre los chatbots

Columnista invitada (*) l Cuando alguien con depresión severa acude a un chatbot en lugar de buscar ayuda profesional, no está ganando tiempo. Lo está perdiendo. Y el riesgo es mucho más alto de lo que parece.

No hablo de ansiedad leve o estrés cotidiano. Hablo de depresiónmayor, de trastorno bipolar, de esquizofrenia, de pensamientos suicidas. Delos trastornos mentales que requieren diagnóstico médico urgente y que, encambio, encuentran a personas recurriendo a chatbots.

Eso es lo que me preocupa. No es un debate académico sobre sila IA puede ser útil. Es una realidad clínica: tengo pacientes que me cuentanque pasaron meses usando chatbots antes de llegar a laconsulta. Meses en los que el cuadro se agravaba.

Un chatbot dirá cosas que suenan reconfortantes. “Entiendoque te sientas solo.” “Es normal sentir esto.” “Prueba respirar profundo.” Paraalguien acorralado por la depresión, esas palabras generan la ilusiónde contención. Pero no es contención real. Es un espejismo.

La falsa esperanza es peligrosa

Aquí está lo crítico: una persona con trastornomental severo necesita más que palabras amables. Necesita diagnósticomédico. Necesita que alguien evalúe qué sucede biológicamente en sucerebro. Necesita opciones de tratamiento que solo un psiquiatra puede ofrecer:medicación, seguimiento clínico, internación si es necesario.


Pacientes con trastornos mentales que demoran la consulta porusar chatbots. (Foto: Adobe Stock).

Un chatbot no puede hacer ninguna de esas cosas. Pero sípuede hacer algo: puede retrasar que esa persona busque ayuda médicareal. Porque mientras el chatbot está disponible a las 3 de la mañana, elpsiquiatra requiere un turno. Mientras el chatbot responde en segundos, laconsulta real requiere tiempo, documentación, dinero. Y para alguien sumido endepresión, esas barreras son enormes.

Entonces ¿qué sucede? Que la persona sigue al chatbot porquees más accesible. Y mientras tanto, la enfermedad avanza.

Casos donde es especialmente delicado

Los trastornos del pensamiento son unejemplo. Una persona con obsesiones intrusivas puede pedirle al chatbot “¿estosignifica que soy una mala persona?” El chatbot responderá de manera lógica ytranquilizadora. Y eso refuerza exactamente lo que no debe reforzarse: la búsquedacompulsiva de tranquilidad que alimenta el trastornoobsesivo-compulsivo.

La ansiedad severa es otro caso. El chatbotofrece técnicas de respiración, mindfulness, estrategias de calma. El pacientelas intenta, no funcionan, vuelve al chatbot. Y el ciclo continúa: másintentos, más fracasos, más dependencia de la máquina que simulaentender.

Y luego están los pensamientos suicidas. Unadolescente en crisis abre un chatbot en lugar de llamar a sus padres o a unalínea de emergencia. El chatbot dice cosas que parecen útiles. Pero no puedeevaluar riesgo real. No puede recetar. No puede hospitalizar. No puede ofrecerlo que realmente se necesita en ese momento.

Lo que la profesión médica ve

Desde mi práctica, lo que observo es esto: pacientes quellegan con diagnósticos que deberían haberse hecho meses antes. Trastornos quese agravaron porque la persona confió en un sistema que no teníacapacidad para evaluar la gravedad de lo que sucedía.

Medicamentos que no se ajustaron a tiempo porque el chatbot nopuede hacer seguimiento clínico real. Situaciones que podrían haberseprevenido si alguien hubiera evaluado el riesgo como lo hace un psiquiatra.

Y sí, hay casos donde el daño ya ocurrió. No porque elchatbot haya dado un mal consejo específico, sino porque proporcionó contenciónfalsa mientras lo verdadero, lo urgente, se dejaba pasar.

Obligaciones que no podemos evadir

Como profesión médica, tenemos que ser claros: si un pacientecon trastorno mental grave está usando un chatbot como sustituto de la atenciónpsiquiátrica, estamos ante un problema de salud pública.


La IA puede ser apoyo entre consultas, nunca sustituto de laatención psiquiátrica. (Foto: Adobe Stock)

No se trata de prohibir la tecnología. Se trata de serhonesto sobre lo que puede y no puede hacer. Se trata de advertir a laspersonas vulnerables. Se trata de que los psiquiatras seamos explícitos: “Estono reemplaza una evaluación médica. Si tenés pensamientos suicidas, crisis,síntomas severos, necesitás ver a un psiquiatra ahora.”

El rol que sí tiene sentido para casos reales

Para alguien con diagnóstico establecido por un psiquiatra yen tratamiento, un chatbot puede ayudar entre consultas. Puede servir comorecordatorio de técnicas aprendidas. Puede ayudar a organizar síntomas paratraer a la próxima sesión clínica.

Pero para alguien sin diagnóstico, en crisis, o con síntomasgraves, el chatbot puede convertirse en una barrera. Parece útil. Se sientereconfortante. Pero absorbe el tiempo que debería dedicarse a buscar ayudamédica real.

La verdad que necesitamos visibilizar

La realidad es que una máquina nunca podrá hacer lo que haceun psiquiatra. No puede diagnosticar. No puede prescribir medicación. No puedeevaluar si alguien está en riesgo de suicidio. No puede hacerseguimiento clínico. No puede ajustar un tratamiento según la evolución. Nopuede estar presente en el momento en que la persona realmente necesitaintervención médica.

Y mientras millones de personas con trastornos mentalesreales confían en chatbots porque no tienen acceso a psiquiatras, porque elsistema está saturado, porque no pueden pagar, el problema no es solo la IA. Esque dejamos que las personas vulnerables sin opciones se refugien en unalgoritmo.

Pero eso no cambia el hecho fundamental: confiar en unchatbot en lugar de ver a un psiquiatra cuando hay una enfermedad mental reales arriesgado. Necesitamos que quienes desarrollan estas herramientas seanresponsables. Necesitamos que quienes las promocionan sean honestos. Ynecesitamos que quienes sufren sepan la verdad: una máquina que parece entenderno puede reemplazar lo que un psiquiatra hace. En salud mental, esa diferenciasalva vidas.

(*) Dra. María Luciana Ojeda (M.P. 07.257), médica especialistaen Psiquiatría. Diplomada en Adicciones, con formación en TerapiaDialéctico-Comportamental y abordaje cognitivo integrativo. Fellow en Demenciasy Enfermedad de Alzheimer.

 

Fuente: TN - BIENESTAR

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